Museo del Hombre del Puerto
“Cleto Ciocchini”

Historia del Puerto de Mar del
Plata y de sus hombres.
Uno de los
objetivos del Museo del Hombre del Puerto 'Cleto
Ciocchini' es el de investigar, recopilar y difundir las actividades de
los pobladores del barrio del puerto, antes llamado por muchos años
“Pueblo de Pescadores”, desde lo humanístico, lo histórico, lo
etnológico, lo sociológico, lo económico y lo religioso. Para ello,
desde su creación en 1990, viene recopilando datos dispersos en
diferentes publicaciones. En lo bibliográfico no existen libros que
traten exclusivamente de este heterogéneo grupo poblacional, establecido
en ese ámbito geográfico desde los comienzos de las obras del puerto de
mar en 1911. Por lo tanto se ha abocado a investigar los hechos en
diferentes áreas para obtener una historia lo más amplia y fidedigna
posible. El presente trabajo, fruto de esos estudios, solo pretende ser
un brevísimo resumen de los datos, hasta hoy dispersos, y ordenarlos
como punto de partida para una futura obra que pueda ilustrar más
acabadamente sobre el tema.
En este
primer trabajo se han tomado un lapso que abarca medio siglo (1899 –
1949) desde la llegada de los inmigrantes a Mar del Plata, hasta la
consolidación del barrio y la industria pesquera.-
Con respecto
a la terminología empleada, en los casos de decodificaciones de cintas
grabadas por los antiguos pobladores, se ha conservado su redacción
original por parecernos que ayuda a comprender mejor su ubicación en el
plano social y su dificultad de inserción al nuevo medio en que debieron
desarrollar su vida.
Cuando se
menciona “La Empresa” o la “La Compañía”, se refieren a la sociedad que
primero fue “Allard, Dolfus, Silard & Wirot” (nombre de sus ingenieros
jefes, franceses) que a partir de 1914 cambió su razón social por
“Société de Travaux Publics de Paris”. Igualmente, cuando se menciona la
“Casa de la Empresa o de la Compañía”, se refieren al edificio, aún
existente, en la esquina de 12 de Octubre y Martínez de Hoz que fue la
sede la empresa y la vivienda de sus jefes desde su construcción en 1911
hasta el cese de actividades en 1943.
Los términos
que se refieren a los diferentes avíos de pesca, embarcaciones o modelos
de redes, se aclaran en el mismo texto.
Museo del Hombre
del Puerto

Se ha
dividido el tema en tres partes que definen a su vez tres etapas en el
desarrollo del lugar:
Primera parte:
“Hontanares” (1899-1913), desde la posesión de esta zona por Peralta
Ramos, hasta la colocación de la piedra fundamental de las obras del
puerto, el 24 de febrero de 1913.
Segunda parte:
“Los primeros asentamientos en el puerto”(1913-1927), desde la llegada
de los trabajadores en las obras del puerto, los pescadores a partir de
inaugurarse la banquina en l917, y las primeras tentativas de constituir
un núcleo urbano.
Tercera parte:
“El desarrollo de los pescadores”, (1928-1949) desde que se comienzan a
ordenar, con ayuda de varias entidades, los pobladores del puerto y se
consolidan las instituciones y la industria pesquera.
Pueblo Pescadores (1900 – 1950)
En la
intersección de la Avenida Cincuentenario, hoy Juan B. Justo, y la
actual Avenida Edison, que desciende hacia el puerto, había hasta no
hace muchos años un cartel indicador “Pueblo de Pescadores”, en
realidad ese nombre nunca fue una denominación oficial, ni siquiera
vecinal, ya que el pueblo era Peralta Ramos, hasta su unión con Mar del
Plata en 1949, y la Asociación de Fomento que funcionó a partir de 1937
se denominó “del Puerto”. Pero el lugar era conocido, tanto por
marplatenses como por turistas con esa denominación, por haberse
radicado allí la numerosas colonia de trabajadores de la pesca, que
motiva nuestro trabajo (*)
(*)En una carta
escrita por Jorge Di Iorio, autor del libro “Desde la barca mía”, con fecha
1º de agosto de 1944, que se conserva en los archivos del Museo del Hombre
del Puerto, dirigida al pintor Cleto Coicchini, leemos: “Aquí en el Puerto,
que desde hace unos días se llama Barrio Belgrano”. En efecto, tras la
colocación del busto del prócer en la intersección de Av. Edison y 12 de
Octubre, se resolvió denominar así al Pueblo de Pescadores. Pero ese nombre
no cuajó y poco después, se retiró el busto y el nombre quedó en el olvido.-
Primera
Parte: “Hontanares” (1899 – 1913)
Un Nuevo Pueblo
En 1891, Jacinto
Peralta Ramos decide formar otro pueblo como ensanche de Mar del Plata, en
tierras de su propiedad. Lo llamó “Cabo Corrientes” y luego “Pueblo Peralta
Ramos”
Dicho
pueblo abarcaba desde la Av. Juan B. Justo, treinta cuadras hacia el Sud y
desde el mar hasta cerca de la actual Ruta 88.
En un folleto de
la época, se podía leer “se ofrecen magníficos terrenos cuya fertilidad es
incomparable y se encuentran situados en la parte más al Sud de Mar del
Plata, sobre el Océano Atlántico, con sus extendidas playas de baño, donde
pronto se dará principio a las obras del Gran Puerto de Aguas Hondas”.
Allí se muestra
un puerto que no era el que finalmente se construyó, si bien estaba casi en
el mismo lugar, con dos escolleras simétricas a ambos lados del Arroyo del
Barco.
En ese lugar,
cuyo acceso era entonces bastante precario, se construyó también el Faro
Punta Mogotes, realizado por una empresa francesa e inaugurado el 5 de
agosto de 1891. El trayecto al mismo, se cubría por una ruta de tierra y en
él solo existía un despacho de bebidas donde paraba la gente que iba al
faro. En una guía de turismo de 1897, se proponen excursiones al faro en
coche, el pasaje costaba $ 10 de entonces.
Algunos de los
terrenos de Peralta Ramos fueron vendidos y sus nuevos propietarios se
dedicaron a la explotación agraria, pero no se hicieron sino algunas
construcciones poco importantes.
Recién en el año
1909, merced a la gestión del diputado Nacional Pedro Olegario Luro, se
dispuso la construcción del puerto actual, por ley Nacional 6499, fechada
el 11 de Octubre de ese año.
La obra fue
adjudicada a la 'Société Nationale de Travaux Publics de Paris', que había
dado término a los trabajos de construcción del puerto de Montevideo y así
la misma trasladó sus instalaciones a Mar del Plata con las cuales llegaron
también gran número de operarios de diversas nacionalidades. Los ingenieros
eran franceses, y entre los trabajadores se encontraban numerosos uruguayos,
italianos del Norte (mayormente carpinteros y obreros especializados),
españoles, y árabes. Estos últimos, se habían unido a la empresa cuando
ésta, antes del puerto de Montevideo, había construido el de Argel y el de
Túnez. Al respecto es interesante el dato que se puede extraer de la
comparación de los habitantes extranjeros en General Pueyrredón, que
aumentan en gran proporción en el año 1914, en parte producto de las obras
del puerto.
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Datos
según censo 1895 |
Datos
según censo 1914/15 |
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|
|
Orígenes |
Varones |
Mujeres |
Varones |
Mujeres |
|
Argentinos |
2.571 |
2.384 |
8.632 |
8.813 |
|
Uruguayos |
44 |
14 |
168 |
129 |
|
Españoles |
741 |
470 |
4890 |
2.764 |
|
Franceses |
239 |
168 |
331 |
235 |
|
Italianos |
883 |
405 |
3.904 |
2.025 |
En los datos del
censo se evidencia un aumento de los inmigrantes uruguayos, se trataba de
empleados y obreros de la empresa que luego se afincaron en Mar del Plata.
Al respecto son interesantes los testimonios de los descendientes de las
familias Bustabad y Cerri. Marta Bustabad nos dice: “ Mi mamá (Josefa) vino
con mi papá (Tomás) en el año 1912, pero fueron a Montevideo con la Compañía
Francesa. Estuvieron un año porque mi hermano el uruguayo (Manuel) nació en
1913 y después vinieron para acá (Mar del Plata).... También vinieron los
Cerri, él era enfermero y trabajaba de apuntador y tenían dos hijas, Eda y
María Rosa y el varón Tito, no sé si las chicas eran uruguayas o no.”
Por su parte, Eda
Cerri recuerda que: “Una vez que terminaron el puerto de Montevideo,
vinieron los franceses en 1912 y mi padre en 1913, primero vino solo a los
23 años –era empleado desde los 16 en la Empresa- la madre estaba estudiando
farmacia”. También cita en su entrevista a: “Juan Mondotey era el que
cuidaba a los caballos y los coches de la empresa, le decían Don Juan el
caballerizo, había venido con la empresa pero con el segundo grupo que vino,
no en 1911.”
El asentamiento
de todos ellos y de los nuevos trabajadores que se les unieron en la
Argentina, constituyó el primer núcleo de pobladores en esa zona de Mar del
Plata que se aglutinaría en las cercanías de la casa Matriz, ésta se ubicó
en la actual esquina de 12 de Octubre y Martínez de Hoz, por ser un punto
que coincidía con la delimitación oficial de una de las chacras en que se
había dividido el nuevo pueblo de Peralta Ramos. A partir de ese sitio,
comenzaría a extenderse la calle principal y las laterales, quedando el
lugar dividido por el Arroyo del Barco que se cruzaba por un pequeño puente.
La empresa tendió
vías férreas, construyó casillas y galpones y también viviendas y barracas
para albergar al personal. Todo esto estaba ya en marcha cuando se produjo
la inauguración oficial de las obras, con la colocación de una piedra
fundamental, el 24 de febrero de 1913. Un mes más tarde, el 29 de marzo de
1913, los empleados se reunirían para fundar el Club Aldosivi, sigla de los
ingenieros franceses, Allard, Dolfus Silars y Wirot, que daban su nombre a
la empresa y que más tarde iría creciendo, incorporando a muchos pobladores
de la zona.-
La llegada de los
pescadores
La afluencia de
inmigrantes que se produjo entre los años 1880 y 1930, trajo al país a más
de seis millones de personas, la mayoría de ellos desde España e Italia.
Entre estos últimos, hubo quienes se dedicaron a tareas rurales, algunos en
el interior de la provincia de Buenos Aires o en otros puntos del país, pero
la mayoría se asentó en la capital, entre ellos, los que provenían de las
costas de Italia (especialmente genoveses) se radicaron en el barrio de la
Boca, donde se hicieron tripulantes de los barcos y barcazas que
transportaban frutas y otras mercaderías desde el Norte por los ríos Paraná
y Uruguay y también de los que iban a Montevideo, o al sur, hasta Mar del
Plata o más allá.
Más
tarde llegaron también italianos del Sur. Estos eran marineros y algunos
pescadores en sus pueblos natales, así que también, partiendo desde el
Riachuelo, se dedicaron a la pesca en el río.
Hacia 1890, ya se
empezaba a hablar de Mar del Plata como naciente lugar de veraneo de las
familias más encumbradas de Buenos Aires. Los pailebotes de Luro traían
noticias del floreciente balneario sobre las costas del Atlántico y
precisamente Luro contrató a Francisco Pelusso para trabajar en su barraca.
La barraca era un conjunto de dos grandes galpones de ladrillo con entrepiso
de madera que ocupaba toda la manzana rodeada hoy por las calles Luro,
Alberdi, Corrientes y Entre Ríos, hasta ella llegaba el muelle de Luro por
el que las zorras, tiradas por caballos, transportaban las mercaderías hasta
y desde los lanchones amarrados a su vera.
Pero Pelusso
también era pescador en su aldea natal y pronto intentó reeditar su oficio
en la nueva ciudad. Mandó Venir a un paisano y pariente suyo, José Narduzzi
y ambos comenzaron a dedicarse a la pesca que, durante el verano vendían a
los veraneantes y hoteleros de la zona. En enero de 1888 se inaugura el
Bristol Hotel y aumenta el consumo de pescado, pronto serían varios los
pescadores, entre ellos se recuerdan los nombres de José, Francisco y
Domingo Sinagra, Juan La Cava, Sebastián Caporaletti, Juan Bronzini, Nicolás
Nino, Juan Polverino, Antonio Tesorieri, Juan Palissi con la barca “Rosita”,
César Mancini, Juan Giacaglia, Genaro Ventura, José Valente, Pantaleón
Piazzola, abuelo del famoso músico argentino, que había llegado navegando a
Mar del Plata en una barca a vela en 1887, en compañía de Nicola Giagualano,
para incorporarse a la pesca y algún tiempo después trajeron a sus esposas
Luisa Oliveri y Rosa Antoforesti respectivamente. Genaro Tito, Nicolás Di
Lernia, Pascual Cavallieri, Spiro Monterisi, Enrique Di Palma, Pedro Pierini
y otros.
Con respecto a
los medios que utilizaban para su trabajo, había varios sistemas. Pelusso lo
hacía desde la Bristol, entrando al mar con una red que era arrastrada por
caballos; otros lo hacían con botes de remos y Narduzzi tenía una pequeña
barca pintada de verde a la que había denominado “Lúcaro”, esta embarcación
le había sido entregada por José Luro para que la explotara, junto con La
Cava, para que trajeran pescado fresco para el Hotel Bristol. Por supuesto,
todas las embarcaciones eran de remo o aparejaban velas latinas. Una de las
más grandes, de 27 pies de eslora, la “Segunda Sirena”, era la primera
construida en Mar del Plata, en las inmediaciones del aserradero de Sesia al
lado de la barraca Luro, por dos carpinteros de ribera cuando Juan Polverino
se instaló cerca del dique .
Por la noche
debían ser sacadas a tierra y lo hacían en dos lugares: los “barraqueros”
que guardaban sus barcas en la barraca, subían sus barcos mediante un
guinche, el pescante del muelle Luro de los que había dos, el de tierra y el
de afuera. La operación se hacía en etapas, ya que había que subir primero
las velas, las redes y la carga y luego la barca. El otro grupo era el de
los “palanqueros” que sacaban a tierra sus barcas en la playa cercana al
Torreón, mediante unas guías de madera ayudándose con caballos de tiro y
palancas, de allí su apodo.
Unos y otros
vivían sobre la misma playa –zona actual de “Las Toscas”- en simples
casillas de madera en las que también guardaban sus elementos de pesca y
cocinaban el pescado para ellos y para todo el que quisiera probarlo. Del
segundo censo nacional de 1895, se pueden extraer algunos datos, aun cuando
muchos pescadores no declararon su actividad u omitieron otras referencias.
La edad promedio aproximada era de 35 años, siendo el porcentaje similar
entre casados (57,38%) y solteros (40,98%). Un reducido número (27,87%)
poseía propiedad inmueble, el resto habitaba un tipo de vivienda precaria y
continuamente mudaban de lugar, para no importunar al veraneante.
En un principio,
los turistas encontraban pintoresco el asentamiento de los pescadores sobre
la playa, pero con el aumento, tanto del turismo como de los pescadores,
llegó el conflicto.
La Municipalidad
tomó cartas en el asunto. Alegando que las precarias viviendas de los
pescadores, cercanas a la playa, sobre lo que habían sido las instalaciones
de la Barraca Luro y las márgenes de la desembocadura del arroyo Las
Chacras, producían olores y daban un mal aspecto a esa zona, tan próxima a
los asentamientos turísticos, decidió erradicar de allí a los pescadores que
se reagruparon en la zona Sur de la Bristol, hacia el Torreón. Pero como
allí también, además de guardar sus enseres, cocinaban el pescado y algunos
hacían sus viviendas precarias en casillas, volvieron las autoridades a
tratar de erradicarlos, prohibiendo que las lanchas quedaran en tierra, más
allá de línea de mareas máximas.
Por supuesto, los
pescadores alegaron que si no las subían, las mareas podrían arrastrarlas al
mar, especialmente durante los temporales, esto produjo un juicio que se
prolongó por algún tiempo. El Dr. Moutier, que representaba a la
Municipalidad decía en su alegato: “No es entonces de indignar, pues es
lógico que suceda, que la salud que el cuerpo y el espíritu buscan, exijan
el distanciamiento de industrias que infectan la playa con sus desperdicios
y que la distinción y cultura de la sociedad que allí se da cita, se
encuentren molestadas por la proximidad de gente sucia, de lenguaje soez y
que exhibe repugnante desnudez.”
En realidad nunca
hubo una denuncia formal por parte de los turistas, pero los epítetos del
Dr. Moutier hirieron profundamente a los pescadores que desde entonces se
sintieron discriminados.
La Municipalidad
pretextó que las lanchas en tierra eran vehículos y por lo tanto no podían
estacionarse sobre la playa. Finalmente emitió un decreto en 1901,
eufemísticamente llamado ”conciliatorio” por el cual ofrecía a los
pescadores terrenos que podrían comprar para edificar sus viviendas a precio
de costo. Los terrenos en cuestión, estaban ubicados en la zona próxima a la
actual estación terminal de ómnibus, esas tierras habían sido adquiridas por
la comuna a muy bajo precio, ya que entonces (y aun hoy en día) eran tierras
muy bajas y se inundaban frecuentemente con las lluvias. Muchos pescadores
se trasladaron allí y tardíamente descubrieron el problema, cuando ya habían
instalado sus casillas. Sobre el tema, existe una interesante publicación
del Dr. Fernando Lahille defensor de los pescadores, en la cual se comenta
que: ”...ha sido una relegación de los pescadores en un terreno de los más
bajos que de otra manera no se habría vendido quizás sino dentro de muchos
años. Lejos de ser un favor de la municipalidad para con los pescadores; la
venta de la tierra que se les ofreció ha sido una celada para alejarlos de
la playa, realizando al mismo tiempo una valorización de las tierras
inmediatas a la manzana vendida a buen precio.”
Dado este
problema, algunos pescadores fueron desplazando sus viviendas hacia la loma
por las calles Olavarría y hasta Alvarado donde hasta hace algún tiempo aun
quedaban algunas de sus precarias construcciones. Otros decidieron cambiar
de oficio, varios se convirtieron en bañeros como Fernando Catuogno (el
Negro Pescador), César, Duilio, Luis, Enrique, Vicente y Aquiles Giaccaglia,
Spiro Monterisi, Fernando Capella, Nicolás Botta, Piero Pierini, Capurro y
varios más. Algunos cambiaron sus actividades por otras menos duras, Savino
Di Lernia se dedicó al arreglo de carruajes, los descendientes de La Cava se
iniciaron en la construcción y otros se integrarían a la hotelería y al
comercio.
Así llegamos al
año 1913, con los pescadores viviendo en la ladera Norte de la loma
(entonces denominada loma Sud y luego Stella Maris) que por estar tan
alejada de su trabajo ellos habían denominado “Tierra del Fuego” y siempre
partiendo de la Bristol y vendiendo a los hoteles o en la playa el producto
de su pesca, o bien en forma ambulante por las calles de la ciudad. También
se hicieron intentos de mandar el pescado a Buenos Aires, especialmente
fuera de temporada, aprovechando el ferrocarril que desde 1886 llegaba a la
ciudad, para ello se cargaba en unos vagones especiales que el tranvía a
caballo llevaba por Luro hasta la estación del tren, pero los envíos no
tuvieron mucho éxito, ya que al no existir aun vagones frigoríficos, el
pescado era conservado con hielo y no siempre llegaba en buenas condiciones.
Segunda
parte
Los primeros asentamientos en el puerto
(1913-1927)
El 24 de febrero
de 1913, con asistencia del Ministro de Obras Públicas de la Nación,
Ezequiel Ramos Mejía, el Dr. Pedro Olegario Luro, Diputado de la Nación y
principal propulsor de las obras, el Dr. J. M. Ahumada y un numeroso grupo
de representantes de diferentes entidades, militares y clero, se colocó la
piedra fundamental de las obras del puerto, que aun se puede ver en el
arranque de la escollera Sur.
Para tener una
idea de la magnitud de la obra emprendida, hay que tener en cuenta que en
ese lugar, en las inmediaciones de la desembocadura del Arroyo del Barco, no
existía absolutamente nada. La empresa tuvo que construir varios edificios
para la dirección y servicios técnicos y administrativos, enfermería,
proveeduría y también viviendas para parte del personal. Algunos de estos
edificios han perdurado hasta hoy, como la casa que se levanta en 12 de
Octubre y Martínez de Hoz y el galpón que ocupa actualmente el depósito de
la Delegación Municipal en el Puerto, en el que puede verse todavía, sujeto
a las sólidas cabriadas del techo, un puente grúa capaz de levantar 10
toneladas. También sobre la calle Figueroa Alcorta y sobre 12 de Octubre
quedan en pie varias construcciones, aunque algunas bastante modificadas.
En su avance, las
obras llegaron a ocupar a más 1200 operarios, muchos de los cuales se
radicaron en las inmediaciones. Los trabajos progresaron rápidamente y para
1917 pudo completarse gran parte de escollera Sud y habilitarse la banquina
de pescadores, Esto hizo que poco a poco, algunos fueran trasladando sus
embarcaciones, ya habían algunas a motor aunque la mayoría aun utilizaba las
velas y algunas a remo.
Uno de los que
entonces se dedicaba a la pesca, era José Moscuzza, nacido en Siracusa
(Sicilia) en 1897 y llegado a Mar del Plata en 1920. El relató que desde su
casa, ubicada en la Av. Independencia, debía tomar el tranvía a caballos,
que lo llevaba hasta el cementerio y desde allí atravesar el campo de golf y
llegar a pie hasta la banquina donde tenía su lancha. Esta incomodidad hacía
que muchos prefirieran seguir teniendo sus lanchas en la Bristol.
Precisamente, el
año de la llegada de José Moscuzza se produjo un gran temporal, fue el 12 de
Julio de 1920. Desde la mañana comenzó una intensa lluvia que duró 18 horas.
A mediodía comenzó a soplar un fuerte viento del Sudeste que siguió hasta la
tarde. La Nación de el día siguiente agregaba que “las noticias que nos
transmite nuestro corresponsal en Mar del Plata traen la triste y
desesperante impresión de las consecuencias funestas que ha tenido para los
pescadores de aquella zona el temporal desencadenado desde anteayer sobre el
país y que en aquel balneario adquirió magnitudes de tragedia”.
En la zona del
faro había aparecido la tapa de un cajón y maderas sueltas que fueron
atribuidas a una embarcación de José Robillard.
Seguimos citando
a La nación del 13 de julio: “Los tripulantes de una de las lanchas que se
hicieron a la mar en horas de la mañana de ayer y debido a la inclemencia
del tiempo se vieron obligados a regresar poco después del mediodía,
manifiestan que vieron a la distancia el naufragio de la “Jorge Newbery”,
tripulada por cuatro japoneses.” Aquel temporal costó el naufragio de tres
embarcaciones y la pérdida de catorce vidas.
Formación del primer núcleo urbano
Hasta los años
veinte, el desarrollo del pueblo fue muy lento. A partir de la casa matriz
de la empresa, a lo largo de 12 de octubre y en los terrenos linderos, se
fueron asentando lentamente las primitivas casillas de los pescadores. La
zona, atravesada por el arroyo del barco, con lomas y callejuelas de barro,
carente de infraestructura, fue creciendo desordenadamente. El temporal del
20 había hecho desistir a algunos de seguir con sus lanchas en muelle de
Luro y en las Toscas. Con respecto a los pobladores, se fue conformando una
red social en la que predominaban los italianos del sur, dedicados a la
pesca, con los picapedreros de la cantera, operarios de la empresa
constructora del puerto y algunos comerciantes que abastecían las
necesidades mínimas de los primeros pobladores. En torno a la casa de la
empresa, se aglutinaron los más destacados, los ingenieros franceses y los
altos empleados, el personal del Ministerio de Obras Públicas que se emplazó
sobre 12 de Octubre, muy cerca de la casa matriz en un curioso edificio de
madera de dos plantas probablemente prefabricado y que recordaba las
construcciones del “Far West” y algunos primitivos comercios. Con respecto a
la división social es muy ilustrativo el relato de de las hermanas Cerri:
“Cuando la empresa llegó, el mar llegaba hasta 12 de Octubre y Martínez de
Hoz, para ir hasta la escollera Norte era todo arena, no había calles. Donde
terminaba la plaza había un portón y enfrente estaba la confitería. Eran
casas traídas en los barcos, prefabricadas como la de Victoria Ocampo, las
trajo la empresa para armar. María Rosa y Eda (Cerri) fueron criadas al
estilo europeo. Había un portón y un guarda donde estaban todas las
casitas, ellas vivían frente a la plaza. Los de la empresa estaban separados
de los obreros. En esa cuadra había una tiendita a donde ellas querían
cruzar e ir, pero el guardia no se los permitía.”
Por su parte,
Berta Brune, nacida en 1916, de padre francés, bretón y madre Argelina,
recuerda lo siguiente: “Mi familia y yo veíamos a menudo a la esposa del
director de la empresa, él era el ingeniero que dirigía las obras, siempre
estaba de viaje y en el puerto estaba muy poco. Su esposa Madame Rose, iba a
almorzar a casa pero las otras francesas la criticaban por relacionarse con
nosotras. En un tiempo dejó de venir pero luego volvió y tomaba mate con
nosotras. Mi hermana y yo éramos muy chicas, me acuerdo que ella nos quería
hablar en castellano, pero lo hacía tan mal que no le entendíamos nada,
entonces hablábamos en francés. Íbamos a la casa de la empresa a comer, la
señora tenía su servidumbre y se pasaba el día haciendo filetes, los bordaba
para hacer cortinas para las ventanas, el lugar era lujoso. La señora solía
llevarnos al cine del centro, entonces iba con el chofer a buscarnos, paraba
el auto en Juan B. Justo y Juramento, porque las calles eran
intransitables.”
Siguiendo por 12
de Octubre hacia el Norte, más allá de Figueroa Alcorta, comenzaban los
conventillos, según cuenta Cosme De Dato en una entrevista: “Allí vivían
cerca de cuarenta personas, las casillas daban a un patio de tierra con un
baño, en aquella época no había cólera ni nada, pero igual tiraban lavandina
continuamente, ninguna casa tenía baño, era compartido. Ramón Julio
alquilaba cuartos un poco más decentes pero también con un solo baño. La
cocina era de chapas, la pieza no estaba revestida de madera, el piso era de
tierra. En el otro conventillo costaban $10 por mes y en el de Ramón Julio
$ 30. En una
época no tenían cocina, debían cocinar sobre un brasero, tampoco tenían luz.
Hacían fuego poniendo unos leños con carbonilla y con eso calentaban la
pieza, allí no había ninguna casa de material. Ramón Julio murió aplastado
por una pared del conventillo cuando quiso demolerla, comenzando desde
abajo. Su hermana tenía un almacén muy precario con piso de tierra.”
Otros pobladores
utilizaban terrenos que la empresa les arrendaba para colocar en ellos sus
precarias casillas que eran transportadas por carretones tirados por
caballos hasta su emplazamiento. Aparte de los italianos, predominantemente
de diversos pueblos del sur, había españoles, franceses, árabes y algunas
otras
nacionalidades.
Cada grupo se identificaba y formaba un pequeño subgrupo aislado y a veces
hasta antagónico con los demás. Esto creaba algunas rencillas y sobre todo,
el carácter meridional de los itálicos producía frecuentes reyertas,
especialmente en los bares de la zona, donde algunos jugaban y bebían.
La actividad
religiosa
La primara
capilla había funcionado en un edificio, cedido por la empresa constructora
del puerto que aun se conserva, modificado, en la calle 12 de Octubre entre
Pescadores y Figueroa Alcorta, donde un sacerdote llegaba semanalmente desde
el centro para dar misa.
En 1919, la
empresa ofreció un terreno para la construcción de una capilla, pero dada la
proximidad de ésta a las canteras que entonces se encontraban en plena
actividad, no podría ser utilizado, por razones de seguridad, hasta que se
terminara la explotación de las mismas, cosa que no sucedería hasta cinco o
seis años después.
El 1º de mayo de
ese año, la Comisión de Damas Vicentinas de Mar del Plata que presidía la
Sra. Elisa Alvear de Bosh, se reunió para recorrer la zona y elegir un lugar
adecuado, desechando el ofrecido por la empresa. En mayo de 1920 el Sr.
Braulio Arenas ofreció un terreno que no fue aceptado por ser demasiado
pequeño (2000 varas cuadradas). Un tercer ofrecimiento realizado por la Sra.
Francelina Coquet, que lo donaba en nombre de su marido Francisco Coquet,
recientemente asesinado en esos parajes, tampoco fue aceptado sin que se
dieran mayores explicaciones, por lo tanto todo quedó en suspenso.
En 1920, el
Boletín Municipal incluye una propuesta del Dr. Clorindo Solla, médico
afincado en Mar del Plata, para “nombrar una comisión de vecinos del puerto
para velar por la higiene y proponer a la municipalidad las obras necesarias
en la zona” pero no se concretó.(15)
Don
Orione y el Padre Dutto
El arribo de Don
Orione en 1922, marcó un cambio en la sociedad portuaria. El padre Juan Luis
Orione, enterado en su Italia natal de las necesidades que pasaban algunos
compatriotas suyos en América, viaja en 1921 a Brasil, allí recibe una carta
de uno de exalumnos, Mons. Maurilio Silvani diciéndole: “Mons. Alberti,
obispo de La Plata, le pagará el viaje y le conseguirá alojamiento; se habla
de ofrecerle un orfanato en Mar del Plata (...) venga pronto, en noviembre
que en la Argentina es el mes de María...”
En Noviembre, Don
Orione llega a Buenos Aires, donde funda en Victoria, la primera casa de la
Congregación en la Argentina y vuelve a Rio de Janeiro. Al año siguiente, el
1º de Febrero de 1922, retorna a Buenos Aires desde donde escribe en una
carta: “Estoy por viajar a Mar del Plata, a 400 km. De Buenos Aires, donde
me ofrecen una casa para los hijos de los marineros del puerto (...)
Nosotros nos ocuparemos de los varones, las hermanas de la M. Michel, de las
chicas...”
Cuando Don Orione
llega a Mar del Plata, comprueba la precariedad del barrio donde habitaban
los pescadores y con el apoyo de las Damas Vicentinas, resuelve mandar
sacerdotes para atender a las necesidades pastorales, educativas y humanas
de la colonia.
Así aparece en
escena el Padre Dutto, que desde 1924 hasta 1937 desarrollaría una acción
importantísima en el campo de la asistencia social y en el desarrollo de las
instituciones benéficas del puerto.
Durante su estada
en Mar del Plata, Don Orione imprime un nuevo impulso a los trabajos que ya
se estaban diligenciando y así, el 24 de enero de 1924 se aceptan dos
manzanas ofrecidas por Jacinto Peralta Ramos para levantar la iglesia y la
escuela cuya piedra fundamental es colocada el 9 de febrero de ese mismo
año.
Mientras tanto,
el 19 de marzo, se inauguraba en la esquina de las calles Ortiz de Zárate y
la actualmente llamada Padre Dutto, una escuela que constaba de cuatro aulas
y un saloncito anexo donde funcionaba la capilla. Había además tres
habitaciones para comedor, cocina y dormitorio. La escuela contaba con
primer y segundo grado y a ella concurrían 57 alumnos. Al año siguiente,
1925, se agregó un tercer grado y los alumnos ascendieron a 105.
Hasta entonces,
la única escuela del puerto era la Nº 12 que, fundada el 2 de agosto de 1899
en el cuartel segundo del partido de Gral. Pueyrredon, paraje conocido
entonces por La Loma, fue trasladada en 1901 al establecimiento La caldera,
estancia próxima a la estación Cobo. Posteriormente debido a la falta de
inscripción, fue clausurada y finalmente en 1913 sería reabierta en el
puerto, en un edificio fiscal de madera emplazado en un terreno cedido por
la Societe de Travaux Publics y a la que concurrían en un principio, los
hijos de los trabajadores de la construcción del puerto. La dirección estuvo
a cargo del maestro Pedro Taboada a quien sucedería en 1914 la Sra. Josefa A
Raffo que seguiría a cargo del establecimiento hasta 1928. Esta escuela
proseguiría allí su actividad hasta la década del 40. Por otra parte, los
hijos de los ingenieros de la empresa, eran educados por un maestro traído
de Francia, M. Bisel, que les daba clases particulares.
Volviendo a la
acción del padre Dutto, digamos que la escuela, para 1926 había crecido y
los chicos, en su mayoría hijos de pescadores, ya no cabían en las cuatro
aulas originales por lo que comenzó a construir un nuevo edificio en Rondeau
y Magallanes. En una carta de esa época comenta: “Tenemos 166 alumnos (...)
damos almuerzo a 110/115 chicos todos los días...”
Con respecto a
las actividades religiosas, estaban divididas entre los diferentes grupos de
pobladores, cada uno de los cuales seguía fiel a los santos patronos de su
pueblo natal. Ante esta diversidad que establecía un motivo de separación
entre sus fieles, Dutto escribe en una carta enviada al Presidente de la
Comisión pro Mar del Plata: "En el deseo de orientar un poco cristianamente
al gremio de pescadores del Puerto, me he propuesto desde hace tiempo
organizar, posiblemente una fiesta de carácter religioso o a lo menos que
prospecte (sic) en un marco religioso, a saber: elegir un Santo Patrono de
los Pescadores y festejarlo anualmente en un día a elegirse de acuerdo con
los Pescadores con programa a determinarse...”
Finalmente, ante
la imposibilidad de ponerse de acuerdo con respecto a un Santo Patrón
determinado, Dutto tuvo una idea inspiradora y eligió al Sagrado Corazón en
la figura del Cristo Salvador, que forzosamente debían compartir todos, como
cristianos que eran. Así se instituyó el Día de los Pescadores, una
verdadera fiesta de toda la comunidad que desde entonces fue un factor
aglutinador de los pobladores del puerto que en ese día recordaban a sus
muertos y asistían a la bendición de las aguas y los frutos del mar.
El
temporal del 1924
El martes 1º de
abril el tiempo se mostró amenazante, la marejada fue en aumento y el viento
comenzó a soplar fuertemente, al día siguiente ya se presentía el temporal
que alcanzaría su máxima potencia el jueves 3. Las grandes olas que llegaban
hasta las bases de la Rambla Bristol dejaron a la vista sus cimientos. Las
obras del muelle y la pileta Lavorante sufrieron serios daños “El muelle,
virtualmente arrasado, había perdido la totalidad de sus vigas y soportes.
La estructura total había cedido y con ella las instalaciones, el
restaurante, el sector de bombas, las vías para las zorras que usaban los
pescadores, depósitos, montajes de maquinarias y todo cuanto comprendían
estas obras. Las propias zorras, arrebatadas por el viento, fueron
engullidas por las aguas. Vanos resultaron los empeños de los pescadores por
salvar las lanchas que estuvieran amarradas al muelle protector. Ni muelle,
ni lanchas, ni montajes, ni edificio: todo una punzante y dolorosa ruina.
Más de 24 lanchas fueron arrebatadas por el mar, entre ellas, la crónica de
la época menciona la pérdida de: María della Scala, Delia de Rosa, Santa
Marina, Nueva Gerorgina, Salvatora Santo, Maria Concetta, Lavorante Nº1 y
Nº2, Comandante Rizzi, Cateriera, La Primavera, Isola de Stromboli, La
Aurora del Marino, Lola, La Fuerza del destino, Velio, Nueva Rosita, La
Buena Fe, Rosina de Rosa, etc. Resultaron afectados por estas pérdidas los
dueños de las embarcaciones: Sebastián Grecco, José Vergara, Francisco
Micalizzi, M. Chiaramonte, José Castorina, Alfio Grecco, J. Pappobor, José
Pizzo, Salvador Belfio, T. Colonello, V. Lavorante, Pascual Cerrotta, Andrés
Pizzolo, Libbi, Felipe Pando, Vicente Barnas, N. Besse, F. Frissone y
otros”.(4)
Esto hizo
desistir finalmente a los pescadores de continuar la pesca desde la playa
Bristol y, aunque en el puerto también se había sentido el temporal, donde
las lanchas 9 de Julio, de Francisco Mussumeci, Emma, de Nicolás Marahese,
Etna, de Salvador Chiarenza y Mossa Luprezi de Salvador Copiello habían
naufragado en sus amarras, las restantes habían resistido. Recuerdan los
pobladores de la zona que la fuerte marejada movió bloques de la escollera
Sur de más de 50 toneladas y la banquina había sido cubierta por las aguas.
Algunas entidades
ayudaron a los damnificados a reconstruir sus lanchas. Una comisión de
vecinos compuesta entre otros por Eduardo Peralta Ramos, Bautista
Etchegoyen, José Ventafrida y Julio Gascón, facilitaron los medios para
conseguir nuevas lanchas.
Pero la triste
experiencia convenció a los últimos pescadores de abandonar la Bristol y
finalmente todos comenzaron a operar desde la banquina. (*)
A partir de 1924,
el puerto comenzó a elevar lentamente la condición social de los habitantes.
La acción conjunta de Don Orione, las Damas Vicentinas y el Padre Dutto hizo
posible la construcción de algunas viviendas más dignas. Con respecto a la
acción de este grupo de damas, recuerda Josefina Dato: “Las Damas Vicentinas
en Navidad repartían bolsas que tenían de todo, a los chicos de las escuelas
les daban leche y factura de la panadería La Gorda, de 12 de Octubre y
Bermejo”.El 9 de octubre de 1922 se procedió a la inauguración oficial del
puerto, con la asistencia del presidente Alvear y el mismo año Juan
Deyacobbi se hizo cargo de la fábrica de hielo “Frigorífico del Puerto”,
instalada en un terreno cedido a tal efecto por la Nación y también nacen
las primeras elaboradoras de pescado envasado; el 21 de enero de 1924 se
resuelve crear el Asilo de Ancianos y el 23 de febrero de ese mismo año se
produce la llegada del tranvía eléctrico hasta la banquina, lo que facilitó
las comunicaciones con el resto de la ciudad, aunque aun perduraría por
mucho tiempo una barrera (no tanto geográfica como social) que separaba a la
ciudad de Mar del Plata del Pueblo de Pescadores y que corría a lo largo del
Boulevard Mar del Plata, llamado desde del 25 de mayo de 1924
“Cincuentenario” y más tarde Avenida Juan B. Justo.
(*) Con respecto
a éste temporal, algunos lo confunden con otro que en la revista “Todo es
Historia” Nº 271 de enero de 1990 se cita como “en 1928 aproximadamente”,
pero que en realidad tuvo lugar los días 25, 26 y 27 de mayo de 1929,
causando grandes destrozos en la costa y hundiendo en el puerto a las
lanchas General San martín, Presidente Quintana, La Reina del Piave, la
Isola y la Gabriele D’Annunzio. En cuanto a las perdidas en la Bristol, lo
fueron en 1924, ya que en el 29, salían desde el puerto.
Tercera parte:
El
desarrollo del Pueblo de Pescadores (1928-1949)
La revista “Mundo
Argentino” publicó una nota en 1928 en la que podía leerse en una referencia
hecha sobre el Barrio de Pescadores:“zona espantosamente trágica donde se ve
la miseria espeluznante de los pescadores y obreros del puerto, 2.500 almas
que arrastran en sórdidos tugurios de zinc, una existencia sólo comparable a
la de ciertas tribus del interior del Africa”. En realidad, la diferencia
con el progreso que evidenciaba la ciudad de Mar del Plata, era realmente
chocante, ¡qué hubiera dicho el cronista de haber venido algunos años antes!
Porque a partir de ese año, una serie de circunstancias iban a impulsar un
cambio en la colonia de pescadores.
El año 1928 marca
una coyuntura en la evolución del puerto. Tres son las razones concurrentes:
La apertura del templo de la Sagrada Familia y los modernos locales de la
escuela que, inaugurados el año anterior comenzarían a funcionar a pleno; la
inauguración de la Usina del Puerto que radicaría en esta zona un importante
emprendimiento que abastecería además a toda la ciudad y la llegada y
posterior radicación de Cleto Ciocchini, un artista de fama mundial que
documentaría la imagen y la vida de los pescadores, haciéndola trascender
más allá de los limitados ámbitos locales hasta ocupar un lugar destacado en
la plástica nacional y con ello llamaría la atención hacia este núcleo
poblacional hasta entonces ignorado.
Óleos de Cleto Ciocchini
en el Museo del Hombre del Puerto

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derecho abra pestaña o ventana nueva.
También se
consolidan es este periodo las primeras asociaciones de pescadores. Hasta
entonces habían habido muchos intentos, pero “el poco pescado que traíamos a
tierra no se alcanzaba a vender; trenes especiales no había para
transportarlo al mercado de Buenos Aires y los pescadores nos peleábamos
todos los días; hacíamos una sociedad y al poco tiempo la deshacíamos
nuevamente”
En efecto, desde
los comienzos fueron muy numerosos los intentos de los pescadores por lograr
una organización que los agrupara, desde los tiempos de la Bristol. Incluso,
ante las limitaciones que les imponían su condición social, su falta de
cultura y su limitación económica, algunos apelaron a llamar en su auxilio a
vecinos destacados. Ya vimos como después del temporal de 1924, fueron
ayudados por un grupo de ellos, entre éstos Peralta Ramos que fue elegido
para presidir una de las primeras sociedades. Luego vendrían otras como la
Cooperativa de Pescadores San Salvador, de la cual fue principal promotor
el Padre Wilkinson Dirube, capellán de la armada, que logró agruparlos para
defender sus intereses ante la expoliación de los consignatarios que eran
los que intermediaban entre ellos y los mercados porteños. Más adelante, en
1939 se fundaría la Corporación Pesquera de Ayuda Mutua en la cual se
destacaría Francisco Mustico. El cuadro siguiente es particularmente
ilustrativo al respecto.
Sociedades de pescadores desde 1907 al 1949
Pesca desde
playa Bristol:
Pesca desde el
puerto:
-
Sociedad de
Pescadores Unidos Cooperativa Gral. Pueyrredon
-
Sociedad de
Propietarios de Lanchas
-
Mutual
Cooperativa de Pescadores
-
Cooperativa
de Pescadores de Ayuda Mutua
-
Sociedad de
Marineros Pescadores
-
Sociedad de
Patrones Pescadores
-
Cooperativa
de Pescadores, 1949 (C.O.M.A.R.)
Pero para
comprender la realidad de estos problemas, tenemos que detenernos a
considerar los sistemas económicos en que los pescadores basaban su
administración. Desde su llegada a Mar del Plata, la pesca había ido
progresando sin perder su condición de empresa familiar. El propietario de
la lancha empleaba a sus familiares para completar la tripulación y las
ganancias eran repartidas según un elaborado sistema de “partes” mediante la
cual y según su grado de participación cada uno recibía su ganancia. Este
acto consistía en una verdadera ceremonia que se realizaba generalmente en
la casa del “patrón” de la lancha. A ella iban llegando los tripulantes y
todos se sentaban a la mesa. “Los que saben escribir, llevan anotado en sus
libretas particulares, las entradas de todo el mes y, mientras otros
recuentan el dinero, van haciendo cotejos para ver si hay alguna venta sin
cobrar todavía. Cuando todo está completamente exacto, quitan los gastos de
combustible, de carnada, de peones, etc. y lo que queda se lo reparten a
tanto cada uno” (16). Todo finalizaba con una reunión en la cual se
agasajaba con un vermouth con abundantes ingredientes a los presentes. Como
la pesca implicaba la ausencia del hombre en la casa, ya que partía al
amanecer y regresaba solo para descansar después de la dura tarea del día,
eran las mujeres las verdaderas administradoras del hogar. Ellas se
encargaban de guardar el dinero y hacer los pagos y las compras necesarias,
sin olvidar en muchos casos de hacer una reserva y de mandar muchas veces a
los parientes en su país natal , una suma que aliviara su pobreza. El Banco
de Italia tenía una sección especial para esto denominada “Giro a Italia”.
También era
misión de la mujer, preparar la ropa, atender las tareas del hogar y
ocuparse la educación de los hijos que, solo en algunos casos concurrían a
la escuela hasta tercero o cuarto grado, pero en otros, si las condiciones
lo permitían, proseguían sus estudios hasta terminar la primaria y luego
tenían que hacer el secundario en al centro – o en Mar del Plata - como
solían decir.
También eran
ellas quienes a veces conseguían algún dinero extra, ya sea lavando la ropa
de los pescadores solteros o colaborando activamente en la salazón de
anchoitas, que era la incipiente industria familiar.
Este sistema,
prolongación del que sus antepasados habían adoptado en su Europa nativa,
perduró mucho tiempo, hasta que comenzaron a parecer las primeras fábricas
de conservas hacia el año 30.
La salazón de las
anchoitas la iniciaron en Mar del Plata los inmigrantes italianos, los
sicilianos principalmente, y secundaria-mente los de la región de Nápoles,
quienes fueron durante años los más importantes y los más competentes
salazoneros. Pisani, Gentile, Romeo, Belfiore y los Santagati; Spoto, Buono,
Di Meglio, Carbone y Pellegrino; los Di Scala y los Sinagra; Rua, Speranza,
Greco, Puglisi, Clara Bufi, etc . Estos saladeros constituían un compacto
núcleo de sostenedores la pesca de anchoitas y las salaban en los más
diversos recipientes: piletas de mampostería fratachadas en cemento, pipones
de roble donde venían las aceitunas que entonces se importaban de Italia,
España y Grecia; cascos o barrilitos, etc. Spina, cuyo hijo José se destacó
por la capacidad técnica reflejada en la calidad de sus productos,
igualmente el hijo de Ernesto Luchessi, Oscar Hueso y Teodoro Carducci, que
preparaba el filete de anchoitas en aceite envasado ya en frascos de
vidrio.(14) Todo esto acontecía durante los años 20 y 30, antes de la década
del 40 en que la industrialización y los envases de hojalata ya habían
desplazado los métodos artesanales. En 1934 regresó Don Orione que notó el
lento desarrollo de la colonia, en abril de ese año el Boletín Municipal,
informaba: “el puerto tiene 2000 habitantes alojados en viviendas en su
mayoría de madera, que carecen totalmente de servicios sanitarios, situadas
a veces en terrenos de propiedad particular, que arriendan a precios no
siempre acordes con su situación económica” De resultas de lo cual se
instalan dos surtidores públicos de agua potable.
Pero la evolución
era lenta, en 1937 el Boletín Municipal especifica que “viven en casillas,
en el puerto, 2536 personas entre las que hay 186 matrimonios, 50 pescadores
solteros y 4 viudos. Solo un tercio de las familias son propietarias del
terreno que sus viviendas ocupan”
No obstante, para
ese año ya se habían producido algunos cambios fundamentales. Además de la
habilitación de la usina, que ya citamos, se habían inaugurado las obras de
la Base de Submarinos, en 1928 y en 1933 con la llegada de los primeros,
quedó oficialmente en funciones la Escuela de Submarinos. En 1936 se había
creado la Delegación Municipal del Puerto, aunque solo comenzaría a
funcionar en su edificio propio de Pescadores 456 trece años más tarde, y en
1937, la prefectura comienza a trasladar sus instalaciones que durante 30
años habían funcionado en la calle 11 de Setiembre, en el centro.
También en 1937
se fundaría la Asociación de Fomento del Barrio del Puerto, institución que
propendería en los años siguientes a equiparlo de las necesidades
urbanísticas fundamentales.
Con respecto a la
salud, el 14 de febrero de 1930, Braulio Arenas había donado el terreno para
la construcción de un edificio propio para la Sala de primeros Auxilios que
hasta entonces funcionaba en un precario local cedido por la Cía.
Constructora del Puerto. Un año antes, el 9 de febrero de 1929, se había
colocado la piedra fundamental del edificio para el Asilo de Ancianos, que
recién sería habilitado el 6 de mayo de l935.
La llegada al
puerto del Ferrocarril Sud y la disposición de un Tren de Pescado que,
cargando la pesca en la misma dársena, llegaba rápidamente a la capital en
horas de la mañana, hizo que aumentara la demanda. Entre 1926 y 1932,
salieron en él 13.463 toneladas promedio de pescado. Posteriormente, la
inauguración de la Ruta 2 en 1938, hizo que los camiones entraran en
competencia y con los años superaran al ferrocarril.
No obstante el
adelanto que significó el tren y la aparición de las fábricas de conservas,
la pesca seguía limitándose a la temporada de la “anchoíta” y a especies
como el bonito, el langostino y algunas otras variedades, pero el mercado
nacional no era un gran consumidor de pescado.
Sin embargo, todo
cambiaría a partir de la Segunda Guerra Mundial.
La
época de tiburón
A lo largo de
todo el mar argentino se encuentran tiburones. En su mayoría no son de gran
porte, el más conocido es el que se denomina habitualmente “cazón”, que en
estado adulto mide aproximadamente 1,50 metros de largo y pesa alrededor de
15 Kg.
La pesca de estos
animales se producía junto con otras especies y no era muy apreciado, aunque
su cuero seco se procesaba como bacalao, pero no podía competir con las
variedades importadas, especialmente de Noruega. No obstante, durante el año
1935 se declaró un total de 7450Kg y al año siguiente se llegó a 27.650.
Pero con el
inicio de la guerra en Europa en 1939 y especialmente con la entrada en
guerra de los EE.UU. en 1941, comenzó la demanda de hígados de tiburón para
confeccionar aceites ricos en vitamina A que era incluida en la dieta de los
soldados. Así se instalaron en nuestro país fábricas y laboratorios para
procesar los hígados y obtener el aceite que era exportado principalmente a
Norte América.
Cuando los
pescadores advirtieron las posibles ganancias que se obtenían con la nueva
industria, debieron equiparse para la misma. Hasta ese momento, los avíos de
pesca que habían utilizado eran los que cada grupo de inmigrantes había
conocido en su sitio natal y que se fue adecuando a nuestro mar. Así los del
Adriático trajeron las redes de rastreo, los del Jónico las nasas y los del
Tirreno la lampara. Con el tiempo se fueron adaptando cada vez más a la
pesca local y se le incorporaron variantes, así como nuevos materiales para
su confección. Al hilado de algodón siguió el de nylon y a los flotadores de
corcho los de vidrio y más tarde los plásticos. Pero para la pesca del
tiburón se necesitaba otra cosa. Eran necesarios anzuelos que se encarnaban
con merluza o magrú en largos espineles que se llevaban a bordo en unos
canastos especiales. Este sistema fue conocido como “palangres”, palabra
derivada del término latino ‘poli angros’ (muchos anzuelos). Cuando la pesca
se fue incrementando, se cambiaron los espineles por redes, llamadas de
“enmalle” que no necesitaban carnada, pero si una mayor inversión y una
adaptación en las embarcaciones.
Con respecto a
éstas, también debieron modificarse, ya que la pesca, aun con espineles,
precisaba más tiempo de navegación y mayor permanencia en los lugares de
pesca. La antigua costumbre de los pescadores era salir de madrugada y
volver en el día, al caer la tarde. Ahora debían ir más lejos y pasar a
veces varios días en el mar, por lo tanto se precisaron embarcaciones de
mayor porte, las lanchas abiertas no ofrecían comodidades para pasar las
noches en ellas y tampoco tenían la posibilidad de retornar a un puerto
cercano en casos de tormenta. Por eso podemos afirmar que la pesca del
tiburón trajo varias consecuencias.
En lo técnico, la
necesidad de barcos mayores y mejor equipados, incluso varios yates de paseo
se transformaron en improvisados pesqueros y también se construyeron otros,
los llamados “barquitos” que eran lanchas de media altura equipadas con
cabina y motores a gasoil muy potentes. También, como vimos, nuevos avíos de
pesca y mejoras en las redes y sistemas de recuperación de las mismas.
En lo económico,
fue quizá la época más lucrativa, tanto para los pescadores como para los
procesadores y exportadores. Tanto que muchos hombres que nunca habían
salido al mar, se enrolaron en las huestes de quienes “iban al tiburón” en
busca de fortuna. El precio de los hígados se elevó de 1$ a 8$ y a veces
más, en especial durante los años 40. En 1944, la pesca alcanzó la cantidad
de 782.200kg. o sea diez veces más que en 1935.
En lo social, la
afluencia de nuevos pescadores, o gente dedicada a esta actividad, aumentó
la población portuense. El floreciente comercio hizo que muchos pudieran
cambiar sus viejas casillas por casas de material y también aparecieron
nuevos comercios o sucursales de casas del centro, para abastecer a la
próspera colonia pesquera.
Pero así como fue
la época más fructífera para el pescador, también fue la que más vidas costó
ya que al alejarse más del puerto y no siempre con los medios más idóneos,
debieron afrontar peligros mayores, como el que los sorprendió aquel
luctuoso 29 de agosto de 1946 que costó el naufragio de cinco embarcaciones
y la pérdida de más de treinta vidas. Terminada la guerra, el consumo de
aceite fue decreciendo, pero el final vendría cuando los laboratorios Roche
lograron sintetizar la vitamina A y producirla químicamente. Pero la
experiencia había sido válida y a partir de la misma el pueblo del puerto
cambiaría. También lo harían los pescadores, sus organizaciones, su forma de
vida, las nuevas fábricas de conservas, los hábitos de consumo y su relación
con el resto de la ciudad. El 21 de octubre de 1948, la Municipalidad de
Gral. Pueyrredón redacta una ordenanza decretando la incorporación del
Pueblo Peralta Ramos a la ciudad de Mar del Plata.
Un año más tarde
se hace efectiva la ordenanza sin embargo, hasta hoy, la avenida J.B. Justo
sigue marcando una frontera.
Zona
comercial del Puerto donde está ubicado el museo

Conclusiones
El Barrio del
Puerto, que naciera a partir de la construcción de las escolleras, con el
asentamiento de las familias de los trabajadores de la empresa constructora,
picapedreros que explotaban sus canteras y los primeros comerciantes
minoristas que lo abastecían, fue engrosándose rápidamente en las primeras
décadas del siglo pasado con el aporte de los pescadores y sus familias,
muchas de ellas venidas del extranjero, particularmente del Sur de Italia,
hasta crear una nutrida comunidad con caracteres propios.
Durante muchos
años fue creciendo en forma desordenada y circunstancial al vaivén de los
hechos políticos y económicos que condicionaban su evolución. La industria
de la pesca fue, sin duda, el principal motor de su progreso pero también,
dada su particular condición de microcultura inserta en la ciudad, lo hizo
de espaldas al resto de Mar del Plata que solo veía en ella la sede de la
industria pesquera y una comunidad pintoresca cuyas actividades en la
banquina eran un atractivo más para el turismo.
A pesar de que
poseía muchas instituciones sociales, religiosas y deportivas, la
atomización entre las diferentes colectividades (provenientes de distintos
lugares de Europa) hizo que retardara en alcanzar una identidad propia y
fuera vulnerable a las modificaciones que el progreso iba introduciendo en
ella.
Pero aun así, es
una de las pocas microculturas europeas aun vigentes en el país, dado que
conserva gran parte de su acerbo cultural, su lenguaje, su tradición,
hábitos, culto, prácticas sociales y productivas. Su folklore se ha
constituido en recurso turístico. Esta comunidad ha servido a la formación
de una conciencia marítima y ha sido la base del desarrollo pesquero
nacional. Tiene una fuerte y arraigada fe religiosa afianzada por los padres
de la Iglesia de la Sagrada Familia, cuya labor ha trascendido más allá de
los límites de la propia parroquia. Por esas razones el Barrio del Puerto y
la colonia pesquera han sido motivo de estudio de distintos grupos de
investigación en el campo de la antropología, la sociología, la psicología
social, la economía, el planeamiento, la historia, etc. El desarrollo urbano
ha ido arrasando los elementos del pasado, las tabernas y negocios típicos
anexos a la banquina, las viejas construcciones de chapa y madera y otros
sitios y edificios que fueron característicos del barrio, de los que hoy
quedan solamente testimonios fotográficos, literarios o relatos orales.
Este trabajo ha
pretendido ser un aporte más para despertar el interés y promover el estudio
y la conservación de lo que aún resta de ese importante patrimonio
histórico.
Natalio
Marengo, Puerto Mar del Plata, setiembre de 2002.
BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES DE INFORMACIÓN
Roberto O. Cova “Historia de
la ciudad que nos construyeron” Revista “Planteo” 1974
Natalio Marengo “Antecedentes
de la construcción del Puerto de Mar del Plata” Revista “Comunicaciones”
1994
Juan José Sebreli “Mar del
Plata, el ocio represivo” Ed. Tiempo Contemporáneo SRL 1970
Roberto O. Del valle “Rufino
Inda y su momento histórico” Im. Atlántida 2001
José Barili “Italianos en Mar
del Plata” Instituto Geográfico Italiano 1983
Fernando Lahille “Los
Pescadores y la Municipalidad de Mar del Plata 1902
Natalio Marengo “Desde la
Bohardilla” Ed. Del Plata 1990
Revista “Todo es Historia” Nº
271 de enero de 1990.
“50 aniversario Parroquia
Sagrada Familia” Editado por la Obra Don Orione en 1989.
“La Provincia de Buenos
Aires” Sociedad de Publicidad Sudamerican Monte Domeq & Cia. Ltda. 1924.
“Las Obras del Puerto”
Societé Nationale de Travaux Publics de Talleres S.A. Jacobo Peuser Ltda.
1923
Roberto Cova “Historia de la
Arquitectura de Mar del Plata” Revista de la Asociación de Arquitectos de
Mar del Plata. Año 1, Nº 4 y siguientes.
“Mar del Plata, una historia
urbana” Fundación Banco Boston 1991.
“50 Años de Aprovechamiento
de los Recursos Pesqueros” Pedro Juan Molinos. Artes Gráficas Candil SRL.
1992
“Mar del Plata, una historia
Urbana” (Censos Nacionales y Provinciales)
Jorge A. Di Iorio “Desde la
Barca Mía, memorias de un pescador” Editorial López 1951.
Guía comercial del
Ferrocarril Sud.1933.
Verónica Elvira Iñurrieta, Los Buzos del
Puerto de Mar del Plata, Editorial Martín 2005.
DIARIOS:
-
La capital (Mar del
Plata)
-
El Trabajo (Mar del
Plata)
-
El Puerto (Mar del Plata)
-
Ecos del Puerto (Mar del
Plata)
-
La Nación (Buenos Aires)
ENTREVISTAS ORALES: a pobladores del puerto, realizadas por el Museo del
Hombre del Puerto Cleto Ciocchini.
|
Los platos del Museo
Es sabido que para mantener
de pie y funcionando un museo, hay que tener recursos que
generalmente aportan algunas secretarías de cultura o empresas.
Pero todo termina en una falencia. Solamente el abnegado
sacrificio de hombres desinteresados, amantes de lo suyo, pueden
continuar con el sostenimientos de obras de ese tipo. Es el caso
de mi amigo Héctor Becerini, director del Museo, que entre
tantos aportes personales, reúne a cada tanto unos cuantos
amigos a una buena comida para juntar fondos.
A él quiero dedicar dos
recetas para que no se complique tanto la vida a la hora de
cocinar.
Calamares con su tinte
Ingredientes:
10 kilos de calamares, medio litro de aceite de girasol, 3 kilos
de cebollas, tres cuartos de zanahorias pelada y trozadas, sal,
ají molido, 1 latita de 180 gramos de extracto doble de tomate,
4 cucharadas de perejil picado.
Preparación:
limpiar los calamares, separar la cabezas con los tentáculos y
cortar en dos o cuatro tiras a lo lago los tubos. Poner a
escurrir en un colar por una hora. En una cacerola bien grande
poner el aceite y las cebollas cortada a rehogar, luego
incorporar los calamares trozados y las zanahorias trozadas.
Aumentar el fuego al máximo, condimentar de sal, ají molido a
gusto, y agregar el extracto de tomate. Una vez tomado hervor
parejo, cocinar a fuego lento, preferiblemente con tapa, hasta
que los calamares estén tiernos, pero algo al 'dente'.
Incorporar el perejil picado y seguir dos minutos más sobre
fuego. A cocción ultimada deben quedar con algo de jugo y el
color de las piezas de un bordó suave y brillante, y casi
untuoso. Acompañar con pan.
Espaguetis con camarones
Ingredientes:
10 kilos de
camarones frescos, 5 cabezas de ajo, medio litro de aceite de
oliva (o girasol), ají molido, 150 gramos de alcaparras saladas,
perejil picado. Seis kilos de espaguetis, sal.
Preparación:
Limpie los camarones eliminando las cabeza y el cascaron,
dejando la colita en la tercera parte de ellos. Dejar secar en
un colador. Empiece a hervir los espaguetis en abundante agua
con sal dejándolos bien al dente. Mientras tanto en una cacerola
grande dorar apenas los dientes de ajo cortados en rodajitas.
Agregar los camarones pelados y remover a fuego fuerte para que
tomen color, siga inmediatamente condimentando con sal, ají
molido a gusto, perejil picado abundante y las alcaparras
desaladas. Agregue la pasta colada pero que contenga todavía
agua de cocción y mezcle bien para que el conjunto tome sabor.
Sirva al instante. No lleva queso.

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